"Un
apoyo técnico especializado tanto para agentes inmobiliarios
como para compradores y vendedores"
Quienes
desean comprar o vender bienes raíces procuran determinar
el precio con la mayor exactitud. No obstante ello, en la generalidad
de los casos se carece de los elementos de juicio necesarios para
definir con bases técnicas o científicas el valor
de un inmueble. Esto provoca reacciones de inseguridad que se expresan
en la desconfianza del comprador con respecto a si está pagando
el precio justo, y las dudas del vendedor con relación a
si el valor acordado es el adecuado. Tales reacciones son explicables
si partimos de las naturales expectativas por pagar lo menos posible
por parte del comprador y cobrar lo máximo admisible por
parte del vendedor.
La
actividad especializada de estimar los valores de intercambio de
bienes en el mercado es conocida en forma común como tasación.
Los vocablos tasación, valoración, avalúo,
valorización y valuación son utilizados en nuestro
idioma como sinónimos de acuerdo con los usos y costumbres
de cada localidad.
Tasación
y Valuación
En
nuestro medio, las palabras tasación y valuación son
aplicadas indistintamente cuando se desea establecer, en forma teórica
o indirecta, el precio de un inmueble o de cualquier otro bien.
Al hacerlo, se genera una confusión que trae una serie de
inconvenientes, tanto para sus aplicaciones en materias económicas
como para efectos prácticos en general.
La
tasación es el resultado del procedimiento de fijar oficialmente
el precio máximo o mínimo de un bien. Por ello, cuando
el Estado debe señalar el valor de un objeto para efectos
oficiales, se hace una tasación de éste. El valor
que se obtiene mediante una tasación es ajeno a las condiciones
prevalecientes en el mercado para el intercambio de bienes y tiene
carácter oficial sólo para aquellas aplicaciones que
señala la ley.
La
valuación o valorización es el efecto de señalar
o estimar el precio de una cosa, entendiéndose como precio
la equivalencia de un bien en términos pecuniarios o de moneda.
En este caso, al establecer como premisa la equivalencia en moneda
de un bien, se entiende que la valuación tiene relación
directa con el mercado en el que tal bien es objeto de oferta y
demanda.
A
partir de los conceptos expuestos, es evidente que el ámbito
de aplicación de la tasación es distinto del que corresponde
a la valuación, siendo ambas actividades técnicas
especializadas. Se utiliza el procedimiento de tasación cuando,
por ejemplo, se desea establecer el monto de autoavalúo de
un inmueble. Se requiere una valuación, cuando se necesita
conocer su precio estimado de venta.
La
legislación nacional, y en particular las normas más
modernas de la Superintendencia de Banca y Seguros y de la Contaduría
de la Nación, han incorporado los conceptos expuestos adoptando
el término valuación para fines relacionados con el
mercado.
Métodos
de Valuación
La
valuación de un inmueble viene a ser un examen especial al
que se somete un bien para estimar su valor en el mercado. Entre
sus aplicaciones tenemos las operaciones de compraventa, la división
y partición de herencias, la constitución de garantías
hipotecarias, los contratos de arrendamiento financiero, la valorización
de activos y otras. En todos los casos, su finalidad es establecer
un valor que, a juicio de peritos experimentados, será el
equivalente del bien en moneda en el mercado inmobiliario, en las
condiciones prevalecientes al momento de la pericia, y en una situación
libre de influencias externas en la oferta y la demanda. El carácter
estimativo de la valuación es coherente con su naturaleza,
ya que sólo puede establecerse el precio real y exacto de
un objeto mediante la transacción efectiva entre el comprador
y el vendedor.
Los
métodos para establecer el valor de un bien mediante una
valuación varían de acuerdo con la finalidad de ésta.
En nuestro medio son de uso genérico el método comparativo
de mercado y el método de costos. Para explicar los alcances
de ambos, vamos a analizar un ejemplo práctico.
Con
el fin de determinar el precio de venta, el propietario de una vivienda
sumó el costo promedio de la construcción más
el valor del terreno. Asimismo, tomó la precaución
de agregar los costos estimados por servicios profesionales, suministros
públicos, trámites y otros. Por último, estimó
un porcentaje de descuento por la depreciación atribuible
a los años de antigüedad de la casa y al desgaste por
el uso normal. Al examinar sus sumas, nuestro amigo decidió
hacer comparaciones. Así, comprobó que un vecino había
vendido una vivienda similar a la suya a un precio inferior en 30%
al que él determinó. Poniendo término a sus
pesquisas, llegó a la conclusión de que las leyes
de la aritmética no funcionan para el cálculo de precios
en el mercado inmobiliario, llegando a afirmar que en este caso
el total no es igual a la suma de las partes.
La
conclusión expuesta es válida si nos atenemos a la
suma de los componentes materiales de un inmueble. Sin embargo,
en términos de valor agregado, los resultados sí son
explicables. Basta considerar que existe una porción no tangible
que forma parte del precio y que puede llegar a ser gravitante en
un sentido u otro. Se consideran como factores de valor agregado
las características de utilización y densidad del
suelo, las condiciones del entorno, la intensidad de uso y otros.
De este modo, aunque dos terrenos puedan tener los mismos costos
de urbanización por contar con idénticos servicios
públicos, tendrá mayor valor agregado aquél
en que se pueda construir un edificio comercial de varios pisos
y no el apto para una vivienda de dos pisos. Asimismo, entre dos
viviendas similares, tendrá mayor valor agregado la que se
ubique en una zona con amplias y bien cuidadas áreas verdes,
donde los vecinos provengan de un medio socioeconómico alto,
que otra ubicada en un sector con condiciones divergentes. También
se encontrarán diferencias entre el valor de un local comercial
ubicado en una zona de alto tránsito vehicular y peatonal
con elevado índice de ocupación del área, y
otro situado en una zona de menor intensidad de uso.
En
términos de mercado inmobiliario, se considera que un predio
tiene mayor valor comercial agregado en la medida que alcanza un
precio más alto en comparación con otros de similares
atributos materiales. Este concepto es fundamental en inversiones
inmobiliarias, ya que establece las pautas para la mayor o menor
rentabilidad de un proyecto.
Pero
no todo es ganancia. El valor comercial agregado de un inmueble
también se pierde sin cambiar en nada las características
materiales. Esto explica por qué los terrenos y edificaciones
del Centro Histórico de Lima bajan de valor como consecuencia
del deterioro urbano. También se entiende por qué,
en situaciones como la actual recesión económica,
la oferta abundante y el descenso en la demanda obligan a reducir
los precios siguiendo las leyes básicas de la economía.
En tales condiciones, de nada nos sirve sumar los costos de producción
de un inmueble para determinar su precio, pues invariablemente se
cometerán errores. Por ese motivo las leyes del mercado dieron
al protagonista de nuestro ejemplo la frustrante evidencia de que
su propiedad tiene un valor que en la actual coyuntura está
muy por debajo del costo y de sus expectativas.
Tenemos
así definidos los dos métodos tradicionales de valuación.
El método de costos está basado en los costos de producción
de un inmueble, tal como se ha hecho en nuestro ejemplo. El método
de mercado se basa en la comparación con los precios de venta
de propiedades similares, tal como cuando el propietario compara
con el precio de venta de la vivienda de su vecino.
Lo
expuesto nos lleva a la conclusión de que, para estimar valores
de mercado, existe tan sólo una sencilla norma, que establece
la comparación con los precios de bienes similares. Por ello,
si se desea conocer a cuánto puede venderse un inmueble,
el valuador realiza una apreciación comparativa en base a
las ofertas disponibles para casos similares, tomadas como muestra.
El valor así definido es la mejor aproximación a la
convertibilidad en efectivo del bien valorizado. En conclusión,
el método comparativo de mercado es, por excelencia, el más
adecuado para estimar el valor de compraventa de una propiedad.
Agentes
Inmobiliarios y Valuadores
La
actividad del valuador es un apoyo técnico recomendable y
necesario, tanto para agentes inmobiliarios como para compradores
y vendedores. El valuador es un profesional especializado mediante
estudios universitarios de postgrado, con los conocimientos adecuados
para su labor refrendados por la experiencia.
Las
asociaciones profesionales que agrupan a los valuadores garantizan
su nivel de competencia. En nuestro medio, la Sociedad Nacional
de Valuación (SNV) y la Asociación de Peritos Valuadores
(APEVAL) son instituciones gremiales que tienen la misión
de velar por el correcto ejercicio de las actividades de sus asociados
desde el punto de vista profesional y ético. El Cuerpo Técnico
de Tasaciones del Perú (CTTP), con más de un siglo
de existencia y reconocimiento oficial, es además una corporación
que vende sus servicios de valuación. El Consejo Nacional
de Tasaciones (CONATA) es el órgano oficial encargado de
fijar los valores arancelarios y dictar los reglamentos de tasación.
Por otra parte, distinciones específicas como el Registro
de Peritos Valuadores (REPEV) de la Superintendencia de Banca y
Seguros facultan a los inscritos para valorizar bienes ofrecidos
en garantía ante las empresas bancarias.
La
valuación permite contar con un valor de referencia calculado
mediante métodos científicos y en forma imparcial.
Es de especial ayuda en los casos en que las expectativas de los
propietarios impiden establecer un valor realista como base para
la operación.
Las
expectativas son naturales, aunque inconvenientes, cuando se propone
una operación de compraventa. Generalmente, los vendedores
asocian su propiedad a consideraciones de carácter subjetivo
que en términos de mercado no representan valor agregado.
Tal es la situación de los propietarios de inmuebles ubicados
en zonas que han experimentado un proceso de declive, y que se aferran
al recuerdo del periodo de bonanza que vivieron asociando el precio
a circunstancias pasadas. Asimismo, las referencias a operaciones
hechas por vecinos o amigos en una coyuntura económica diferente
de la actual distorsionan las proyecciones de quienes, deseando
vender sus propiedades, fijan precios elevados. También son
frecuentes requerimientos de liquidez que generan una relación
entre el precio de venta y las necesidades del vendedor ajenas
a las condiciones del mercado. Por parte de los compradores, otra
gama de similares expectativas también se presenta como factor
de distorsión.
Las
expectativas descritas, comprensibles en el ánimo de vendedores
y compradores, exigen a los agentes inmobiliarios esfuerzos destinados
al fracaso. Sin embargo, los costos de tal fracaso son asumidos
en su mayor parte por los mismos propietarios. Cuanto mayor es la
distorsión en los precios, mayor es el periodo de oferta
en el mercado, mayor el desgaste del proceso y menor la factibilidad
de venta. En términos económicos, esta distorsión
genera importantes mermas. Con relación a las tasas de rentabilidad,
cada año de retraso en una venta significa la pérdida
del 6 al 10% del valor de una propiedad, y, en función de
las tendencias descendentes del mercado, el mismo periodo de retraso
representa un 15% adicional de depreciación. Así,
queda demostrado que el retraso en una operación puede significar
la pérdida del 25% del valor real de un inmueble. Indudablemente,
el costo de las expectativas injustificadas es sumamente alto, aunque
la mayoría de quienes optan por vender una propiedad no son
conscientes de lo que están perdiendo hasta que es muy tarde
para evitarlo.
La
participación del valuador para definir un precio de referencia
otorga a vendedores y compradores la seguridad de negociar sobre
la base de un valor equitativo y facilita a los agentes inmobiliarios
la posibilidad de desempeñar sus servicios a partir de precios
fundamentados que significan mayores posibilidades de venta. Como
resultado, las operaciones se agilizan reduciendo el periodo de
oferta y evitando la depreciación del bien.
Arq.
Manuel Ferreyra Luque
Asesoría
Valuatoria
Telf. 221-1580